Las dos ciudades históricas más septentrionales de Extremadura son Plasencia y Coria. En el pasado fueron plazas fuertes, enclaves fronterizos entre reinos cristianos e imperios islámicos, en el presente forman parte de un territorio poco conocido pero especialmente rico en historia, arte y cultura.

Las dos ciudades se apostaron a ambos lados de un viejo camino, la Vía de la Plata, que mantuvo viva la herencia romana y protohistórica de los viejos pueblos de Iberia e Hispania. Entre ellas se escribió la historia de las dos extremaduras, la leonesa y la castellana, y en ellas se levantaron murallas, catedrales, palacios y parroquias, dando forma a dos conjuntos monumentales excepcionales.  

 En torno suyo pervivieron monumentos del pasado romano, como los puentes de Alconétar y Alcántara o la ciudad de Cáparra, y se levantaron otros como las murallas de Galisteo o la plaza de Garrovillas.  

 Como feudo a parte quedó la Tierra de Alcántara, señorío de la poderosa orden de caballería homónima, que, a través del arte, hizo de sus villas, como Alcántara o Brozas, expresión de su grandeza.  

 Tres días para recorrer un territorio poco conocido, poco poblado, algo apartado, pero tan lleno de historia y arte que merece la atención del viajero curioso. 

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