“Madrid, ciudad progresiva» es un programa compuesto por varios itinerarios culturales con el que pretendemos recorrer la historia de Madrid desde su fundación hasta la modernidad. 

La medina islámica dejó paso a la villa cristiana que terminaría por convertirse en Corte de los monarcas españoles y finalmente en capital del Estado. 

En nuestro primer itinerario cultural, Madrid Medieval I. De medina Mayrit a la Villa de Madrid, nos acerca al origen y fundación de la ciudad, su razón de ser, su asentamiento original, su evolución antes y después de la conquista cristiana. La historia de Madrid entre los siglos IX y XIII. 

Aquel Mayrit o Magerit andalusí, fundado por Muhammad I, fue el germen del actual Madrid. Nacido como una fortaleza militar en el siglo IX, se dotó de castillo, murallas, mezquita, zocos y arrabales. En el XI pasó a manos cristianas para continuar siendo un espacio de interés estratégico, por lo que aumentó sus murallas, que ahora guardaban parroquias, una morería, una judería y un alcázar real cristiano. Durante aquellos siglos de frontera no dejó de crecer como ciudad militar, y cuando el frente de batalla se alejó definitivamente, continuó haciéndolo como una prospera villa comercial y lugar habitual de estancia de los monarcas castellanos. 

Un itinerario para empezar a escribir la historia de nuestra ciudad desde su pasado más antiguo. 

[et_pb_section fb_built=»1″ _builder_version=»3.18.9″][et_pb_row _builder_version=»3.18.9″][et_pb_column type=»4_4″ _builder_version=»3.18.9″][et_pb_text _builder_version=»3.21.4″]

Nuestra Visita educativa Paseos por el Reina Sofía II, por el buen camino, nos condujo por el camino que llevó del arte figurativo al Cubismo, la gran propuesta que revolucionó el lenguaje artístico contemporáneo, un buen camino.

 

Para ello, comenzamos preguntándonos ante los cuadros de Zuloaga, Solana, Casas, Regoyos, Anglada o Romero de Torres, hasta qué punto cumplían con las “normas” que desde el Renacimiento nos han inculcado como referencias para discernir entre lo bueno y lo malo. Reflexionando, reparamos en que, más allá de la apariencia inmediata, todas estas pinturas nos proponían nuevas vías de expresión muy alejadas de los convencionalismos tradicionales. Dejamos de hablar de historias, de espacio, de luz, para hablar de simbolismo, de composición, de color y, finalmente, sólo de pintura.

 

El trabajo de disección al que Picasso y Braque sometieron el volumen de las formas barrenó por siempre el ilusionismo de la pintura tradicional. Los planos del objeto en el espacio tridimensional fueron sometidos a una escrupulosa descomposición para ser representados en los límites de la bidimensionalidad del lienzo, no se trataba de un realismo aparente sino radical.

 

Nos encontramos ante la pintura desnuda, negando el tiempo, el espacio, la contingencia de la luz, un trabajo de síntesis tan radical que apocopó el uso del color helando las formas en una geometría limpia y compleja. Los volúmenes no eran fruto de ilusionistas claroscuros, sino del tránsito de una arista a otra, de un tono neto a otro.

 

Lograda esta nueva realidad pictórica, aquel ejercicio de investigación nos había legado un nuevo lenguaje plástico, el primero verdaderamente moderno. Tras él se intuían mil posibilidades, pues era capaz de expresar movimiento, emociones, armonías, y ahí se produjo un tránsito hacia una nueva estética que afectó radicalmente a todas las disciplinas artísticas.

 

Si su origen había sido la exploración de cómo representar el objeto sobre el lienzo plano, el resultado plástico se postulaba en si mismo como una realidad nueva hecha de facetas concurrentes, planos y colores susceptibles de invertir el orden, llegar de la forma al objeto, o simplemente obviarlo y llegar a la abstracción.

 

Forma y color fueron convocados para transformar aquella primera experiencia en algo mucho más complejo. De repente, en la frialdad picassiana tuvo cabida la lírica de Juan Gris o María Blanchard, el orfismo de los Delaunay, el vibracionismo de Barradas o la pintura pura de Metzinger o Gleizes. Un mundo nuevo de expresión plástica había nacido, desde el Renacimiento no había ocurrido nada similar.

 

Nosotros terminamos nuestro “buen camino” absortos, pues tras el esfuerzo inicial se nos mostraban antes los ojos las infinitas variables que aquel arte nuevo nos ofrecía.

[/et_pb_text][et_pb_shop type=»product_category» include_categories=»60″ _builder_version=»3.18.9″][/et_pb_shop][/et_pb_column][/et_pb_row][/et_pb_section][et_pb_section fb_built=»1″ _builder_version=»3.21.4″][et_pb_row _builder_version=»3.21.4″][et_pb_column type=»4_4″ _builder_version=»3.21.4″][et_pb_shop type=»best_selling» posts_number=»4″ orderby=»date-desc» _builder_version=»3.21.4″][/et_pb_shop][/et_pb_column][/et_pb_row][/et_pb_section]

[et_pb_section fb_built=»1″ _builder_version=»3.0.47″][et_pb_row _builder_version=»3.0.48″ background_size=»initial» background_position=»top_left» background_repeat=»repeat»][et_pb_column type=»4_4″ _builder_version=»3.0.47″][et_pb_text _builder_version=»3.21.4″ background_size=»initial» background_position=»top_left» background_repeat=»repeat»]

Nuestro Itinerario cultural Toledo entre culturas, el crisol hispano es un recorrido transversal por una ciudad que hemos visitado tantas veces que puede parecer agotada, pero que aún sigue sorprendiéndonos. Una exploración por espacios poco habituales, a monumentos menos conocidos, pero, sobre todo, a través de una argumentación que proponía nuevas lecturas de viejas lecciones.

 

Desde la Puerta de Bisagra hasta la vieja mozarabía de San Andrés, recorrimos espacios musulmanes, judíos y cristianos, tres culturas que coexistieron en la España medieval y que fueron los ingredientes primarios del aquel crisol hispano.

 

Iglesias, mezquitas y sinagogas, nos sirvieron para descubrir los acordes y desacuerdos de las tres religiones. Acordes compartidos en una arquitectura híbrida, nacida en el seno de unos y completada en los brazos del otro. Comúnmente argumentada a través del número y la geometría como expresión teológica del orden del mundo, entendiendo cada edificio como un microcosmos simbólico de lo finito, lo infinito, lo profano y lo sacro. Por ello, cuando terminó la coexistencia, todo fue reaprovechado por el grupo dominante definitivo. Santiago del Arrabal, la ermita o mezquita del Cristo de la Luz, San Román, la Sinagoga Mayor o Santa María la Blanca, el llamado Taller del Moro, el convento de Santa Isabel y San Andrés, fueron elocuentes ejemplos de todo ello.

 

La historia fundacional del mito de Toledo conserva sus testigos, superpuestos etapa a etapa, en todos estos edificios. El pasado romano y visigodo, la triada cultural compuesta por aquella mezcla de andalusíes, cristianos y judíos, y finalmente el último Gótico y el primer Renacimiento que se insertaron en aquellas viejas fábricas sustituyendo su indefinición por certidumbre. Una renovación orquestada desde la cúspide del poder llamada a borrar la mixtura medieval, a ubicar a la emergente España como cabeza de Europa y la Cristiandad, y a Toledo como Ciudad Imperial.

 

Un día completo y complejo, lleno de matices, de novedades y de clásicos revisados con una nueva mirada.

[/et_pb_text][et_pb_shop type=»product_category» posts_number=»4″ include_categories=»61″ orderby=»date-desc» _builder_version=»3.18.9″][/et_pb_shop][/et_pb_column][/et_pb_row][/et_pb_section]

Las dos ciudades históricas más septentrionales de Extremadura son Plasencia y Coria. En el pasado fueron plazas fuertes, enclaves fronterizos entre reinos cristianos e imperios islámicos, en el presente forman parte de un territorio poco conocido pero especialmente rico en historia, arte y cultura. Leer más

[et_pb_section][et_pb_row][et_pb_column type=»4_4″][et_pb_text]El arte contemporáneo continúa siendo un reto para muchos amantes del arte. La superación de la figuración tradicional y de los códigos clásicos que ligaban la representación pictórica a la naturaleza, desconciertan a quienes tratan de enfrentarse a una obra que no responde a esas pautas. Leer más