Descripción
ARQUITECTURA DE MADRID
UN PATRIMONIO EXCEPCIONAL
Iniciamos una serie de propuestas que tendrán como protagonistas calles o barrios muy característicos de Madrid, con el objetivo de poner en valor el extraordinario patrimonio arquitectónico de la ciudad.
Más allá de ciertos edificios o espacios arquitectónicos, como el antiguo Palacio de Telecomunicaciones (actual Ayuntamiento), el Palacio Real o la Plaza Mayor, la ciudad ofrece un aspecto monumental, pero no parece necesario reparar demasiado en ninguno de sus edificios.
Esta visión de conjunto encubre un patrimonio tan variado, como rico y excepcional. Especialmente, cuando nos referimos a la arquitectura que transformó la ciudad en metrópolis entre la mitad del siglo XIX y los primeros 30 años del XX.
Un ejemplo, anterior a estas fechas, el Museo del Prado es una reconocida pinacoteca de proyección mundial, pero poco se considera que el edificio levantado por Juan de Villanueva es una de las obras maestras de la arquitectura neoclásica europea.
Esta es nuestra propuesta: recorrer nuestras calles y barrios emblemáticos para descubrir el extraordinario laboratorio arquitectónico que fue Madrid desde mediados del siglo XIX y que desembocó en la llamada Edad de Plata de la cultura española. Sin dejar de lado todo el legado anterior, aunque este es, generalmente, más conocido.
En esta ocasión comenzamos, precisamente, con una calle que nace en el corazón del Centro Histórico y que creció paralelo a los ensanches de la segunda mitad del siglo XIX y a lo largo del XX: la Calle de Alcalá.
Una calle de encuentro de lo castizo y lo moderno, donde conviven las arquitecturas de varios siglos.
En este segundo tramo, recorreremos la parte más antigua, entre la estatua de El Espartero y Goya
Un tramo que ya corresponde, plenamente, al ensanche moderno de Madrid y que, por tanto, nos ofrecerá la imagen de la ciudad moderna.
LA CALLE DE ALCALÁ III
DE EL ESPARTERO A GOYA
En 1886, se estrenó La Gran Vía, una zarzuela con música de Federico Chueca y libreto de Joaquín Valverde. En su escena octava, la toma voz cantante el “Elisedo”, personificación castiza de unos jardines de recreo llamados Los Campos Elíseos que estaban en las inmediaciones de la futura calle de Alcalá.
El “Elisedo” explica que se encuentra cerca de un parador, y un coro de madrileños le pregunta que si es el de Muñoz, a lo que responde que: si señor.
Y da más señas diciendo: y un poquito más abajo, según dice un caballero, se verá dentro de poco el retrato de Espartero. El coro popular pregunta de nuevo: ¿el torero?, respondiendo el “Elisedo”: ¿qué torero?, ¡el valiente general!, el patriota de vergüenza, el constante liberal, respondiendo el coro popular: ahora no hay de ese percal.
Pues ya estamos en el punto de salida de nuestro recorrido, la estatura del general Espartero, el constante liberal, situada en la bifurcación de la calle de Alcalá con la de O’donnell. Donde nos encontramos, además, uno de los edificios más interesantes levantados en los tiempos de esta zarzuela: Las Escuelas Aguirre.
No estamos lejos de donde estuvo el Parador de Muñoz, uno de los más grandes del Camino Real de Aragón, que así se llamaba esta calle; ni tampoco, evidentemente, de donde estuvieron los Campos Elíseos, que cuando se estrenó la zarzuela de Chueca y Valverde ya habían desaparecido.
La confusión con el torero era lógica, porque en aquel baile de criadas y de horteras habría mucho aficionado taurino que asistían a las corridas de la plaza de toros llamada de la Fuente del Berro o del Barrio de Goya, que estaba donde ahora está el antiguo Palacio de los Deportes. Donde terminaremos nuestro recorrido.
El Espartero fue un torero de Sevilla, famoso como para que Blasco Ibáñez lo tomara como referencia para su Juan Gallardo en Sangre y Arena. Rindió la vida en esta plaza madrileña en 1894.
Ese año unos cuantos bilbaínos disputaban un partido de fútbol en Leioa contra unos británicos, cuatro años después fundaban el Athlétic Club de Bilbao. Unos años antes, se habían fundado los equipos del Huelva y de Sevilla y, no tardando, detrás de esta plaza de toros se engendraría el Real Madrid. Todo empezaba a cambiar, incluso los espectáculos de masas.
Podríamos haber señalado como inicio y final del recorrido “de El Espartero a El Espartero”, pero ya no sería de recibo, somos de otros tiempos. Hoy son más populares los futbolistas.
Por ello, tenemos que explorar desde el presente para valorar el legado del pasado, tanto de nuestra historia como del patrimonio artístico que nos ha legado.
Hace unos 160 años, la calle de Alcalá que recorreremos, entre El Espartero y Goya, era el Camino Real de Aragón, rodeado de campos y de paradores, es decir, ventas y posadas para las gentes del trajín.
La construcción de la Plaza de Toros de la Fuente del Berro, o de Goya, que abrió sus puertas en 1873, anunciaba el cambio.
La anterior estuvo en las inmediaciones de la Puerta de Alcalá y este desplazamiento sólo significaba una cosa, que la ciudad crecía. Exactamente lo mismo que, cuando en 1934, la Plaza de la Fuente del Berro se trasladó a las Ventas del Espíritu Santo.
Entre ambas fechas, 1870 y 1934, se desarrolla lo principal del patrimonio arquitectónico que vamos a conocer y a disfrutar durante este recorrido.
Un tiempo vinculado a las Escuelas Aguirre, y a su radical versión moderna del uso del ladrillo, los primeros edificios levantados en ese mismo material, y la llegada del Art Nouveau, la Secesión vienesa, el Modernismo y las Vanguardias.
Volvemos con una propuesta en torno a calles que transitamos muchas veces, pero a las que prestamos poca atención. Les invitamos a poner en valor el rico patrimonio arquitectónico de nuestra ciudad desarrollado entre finales del siglo XX y los años treinta del XX.
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