Descripción
ANTONIO RAPHAEL MENGS
io non posso niente in questo paese, e meno nel Academia
Mengs llegó a España, por primera vez, en 1761. Respondía a la llamada del rey Carlos III, que le nombró pintor de Cámara al poco de llegar, elevándolo a primer pintor de Cámara en 1766.
Para llegar a este mérito, el pintor había actuado en varios campos relacionados con el arte oficial promocionado por la Corte.
Había renovado la decoración interior del Palacio Real madrileño, ya terminado pero en proceso de comenzar su uso como espacio regio, con una serie de frescos al gusto neoclásico que dejaban atrás a las propuestas menos académicas de Giaquinto y de Tiépolo.
Creó, en esa misma dirección estética, los nuevos retratos reales llamados a superar, definitivamente, la herencia francesa de Rigaud, a través de Jean Ranc, que habían dado imagen a los primeros borbones españoles.
Atendió, también, a la creación de obras piadosas, como los cuadros con la pasión de Cristo para el Oratorio del Rey.
Gobernó, con mano firme, la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, cuya producción esta destinada al ornamento de los Reales Sitios, también afectados por el cambio de gusto del Rey.
Para pintar los cartones de los tapices, eligió a aquellos pintores que consideró más óptimos para formarlos. Así, comenzó su carrera madrileña Francisco Bayeu. Tras Francisco, llegó su hermano Ramón y su cuñado, Goya.
También tomó las riendas de la Real Academia de San Fernando para transformarla en el epicentro del Neoclasicismo hispano. Cambió los planes de estudio y comenzó a formar una nueva “estirpe” de pintores españoles.
En 1769, alegando falta de salud, se marchó a Roma, el único lugar donde realmente se sentía feliz
En 1768, aún en Madrid, había escrito a uno de sus alumnos romanos la frase que no sirve de epígrafe: io non posso niente in questo paese, e meno nel Academia. En el culmen de su carrera madrileña, afirmaba que no podía hacer nada en este país, y menos en la Academia.
No deja de resultar contradictorio, porque desde su llegada, había gozado del favor pleno del Rey y de algunos de los miembros más exclusivos de la Ilustración española, como Campomanes o Jovellanos.
No vamos a tratar en una breve reseña sobre estos aspectos, lo haremos en la visita, pero ese es, precisamente, el enfoque con el que queremos trabajar.
La propuesta de El Prado está estructurada en áreas temáticas que ayudan a conocer perfectamente la figura, con su legado y su proyección, de este gran maestro internacional que trabajó para el rey de España.
Carlos III, cuando era Carlos VII de Nápoles, había conocido a Mengs en Italia. El monarca tenía en sus manos las llaves que abrían el camino de aquel arte nuevo que nos devolvía el Clasicismo antiguo y que se alineaba, además, con el pensamiento ilustrado.
Carlos exploraba Herculano y Pompeya, conservaba la Colección Farnesio y mandaba medir y ponderar los viejos templos griegos de la Magna Grecia.
Aquel era un paraíso donde perderse para Johann Joachim Winckelmann, autor del primer estudio sobre el Arte Griego, y para su amigo Mengs.
Carlos, ahora ya Carlos III de España desde 1759, quiso traer a Mengs para transformar la tradición artística española, algo desorientada tras la llegada de la nueva dinastía, y consolidar un verdadero arte oficial promovido desde la Corona, es decir, desde el Estado.
Ese fue el rol de Mengs, como lo fue de Sabatini en la arquitectura, y bajo este prisma plantearemos nuestra mirada a esta exposición sin, desde luego, dejar de seguir la excelente distribución temática planteada por los comisarios. Tan sólo, añadiremos un planteamiento transversal.
Porque, a pesar de tanta Academia, Mengs no pudo sustraerse del lenguaje pictórico de españoles como Velázquez
Mengs regresó a Madrid entre 1774 y 1777. Remató faenas y ahondó en la impronta que dejó en las artes y la cultura española.
Jovellanos, siempre generoso en su opinión sobre Mengs y lo que representaba, escribía:
... y cuando quisiera tratar de aquellos [artistas] cuya fama ha fijado ya la muerte, veo la sombra de un profesor gigante, que descuella entre los demás y los ofusca: la sombra de Mengs, del hijo de Apolo y de Minerva, del pintor filósofo, del maestro, el bienhechor y el legislador de las artes.
Fue durante su segunda estancia, cuando Mengs la apoyó la incipiente carrera de Goya. Un asunto que, desde un punto de vista académico, podría llevarnos a una duda: ¿acierto o error?
Tomás de Iriarte, amigo y admirador de Mengs, escribía, como fiel seguidor de los preceptos de la belleza ideal dictados por el maestro lo siguiente:
Algunos están en el error de que la sola práctica vale más que todas las reglas, y que sin ellas ha habido grandes artífices. Esto es falsísimo, como podría demostrarlo si hubiese necesidad de ello. Sin razón y sin reglas será casualidad hacer algo bueno; no siendo posible llegar a un fin determinado sin guía segura que nos conduzca a él.
Francisco de Goya, cuando accedió al cargo de director de pintura de la Academia de San Fernando, afirmará:
No hay reglas en la pintura… la tiranía de obligar a todos a seguir un mismo camino es un impedimento para el desarrollo de los jóvenes
Conozcamos a Mengs para comprender mejor nuestra pintura tras su paso por España, y esta es la exposición perfecta para hacerlo.
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VISITAS EDUCATIVAS AL MUSEO DEL PRADO
En Vademente entendemos que la docencia se ejerce también más allá del aula, por lo que nuestras visitas educativas son parte esencial de nuestras propuestas.
¿Cuántos museos hay en Madrid? ¿cuántos conoce? Lo más importante, en realidad, es saber ¿cuánto hemos aprendido visitándolos?.
Para Vademente, un museo es, ante todo, un espacio de enseñanza, de estudio y de conocimiento. Los museos son los herederos del “Museion” de Alejandría, la casa de las Musas a donde se iba a aprender artes y ciencias.
Por ello, diseñamos nuestras propuestas considerando que cada museo es un aula. Que cada clase en sus salas es una posibilidad de aprender en contacto directo con aquello que nos interesa.
El Museo del Prado es una de las pinacotecas más importantes del mundo. Quienes realizamos nuestra labor docente en Madrid tenemos el privilegio de poder explicarlo poco a poco, por partes.
Esto nos permite proponer recorridos transversales, por temas, por escuelas, por maestros, por épocas; y, además, hacerlo en grupos pequeños para facilitar el trabajo de análisis, observación e intercambio entre participantes y profesor.
Esta es nuestra propuesta: extraer del Museo todos los contenidos posibles. Hacerlo con calma, por partes, en grupos pequeños, priorizando la calidad y el aprendizaje.
Limitando el número de participantes a 7, más el profesor responsable, favorecemos que la actividad sea más cómoda y más personalizada. Pretendemos facilitar, además, la participación, el análisis colectivo, la observación detenida y el intercambio, actividades propias del trabajo docente que en una visita multitudinaria no tienen cabida.
También evitamos el límite de tiempo concedido a los grupos, siempre compuestos por nueve o más personas. De este modo, podemos ampliar nuestra visita hasta dos horas para realizarla con calma y sin presión.
Al no conformar un grupo también podemos dar libertad a cada participante respecto a la forma de ingreso. Muchas personas tienen descuentos, por distintas circunstancias, o incluso gratuidad, que entrando como grupo no son computables.
Por ello, en estas visitas para grupos reducidos, no incluimos la entrada y cada participante puede acceder como más conveniente sea en su caso.
Hemos convocado una serie de visitas repetidas sobre un mismo contenido, pero en caso de que la demanda de una actividad fuera alta, organizaremos más visitas en otra fecha. Para ello generaremos una lista de espera en la que el turno será el del momento de recepción de la inscripción.
Nuestro punto de reunión será, consecuentemente, dentro del Museo. En concreto en la Sala de Las Musas, un espacio renovado hace unos años para funcionar como gran punto de reunión y vestíbulo del Museo.
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