Descripción
A LA MANERA DE ITALIA
ESPAÑA Y EL GÓTICO MEDITERRÁNEO
En esta ocasión, la página de la exposición de la web del Museo, les ofrece un amplio texto que recoge su razón de ser, sus objetivos y los planteamientos expositivos esenciales. Por ello, se ha incluido en la página de esta actividad de la web de Vademente un vínculo para que puedan acceder el folleto digital.
Centramos esta reseña en razonar por qué esta convocatoria es una ocasión excepcional y qué lectura queremos aportar para dar una vuelta de tuerca a lo presentado con perspectivas diferentes, pero complementarias.
El interés de la exposición es innegable para cualquier interesado en la pintura y la Historia del Arte. La primera razón es el número, la diversidad y la calidad de las obras expuestas. Sumamos sus variadas procedencias y su dificultad de acceso, pues como arte religioso en su mayoría, muchas permanecen en el ámbito de los monasterios o iglesias para el que fueron destinadas.
Podemos añadir su conservación, considerando dos aspectos: las restauraciones que se han llevado a cabo para su exposición y porque son obras del siglo XIV. Una condición, la de su rareza, que también se extiende a sus creadores, artistas cuyos corpus de obras conservadas es considerablemente menor que el de los grandes maestros posteriores.
Enlace al folleto digital: https://www.museodelprado.es/recurso/a-la-manera-de-italia/3629f014-6b5e-17c4-7454-eef4f5f83cbe
En otro rango de importancia, podemos señalar la escuela pictórica elegida: el Trecento italiano, es decir la antesala del Renacimiento. Una de las piezas claves que conformaron el llamado Gótico Internacional, asunto del que trataremos durante la visita, pues marcó el tránsito entre la pintura medieval y la moderna.
Desde el punto de vista del propio Museo, mientras dure la exposición, su colección permanente de pintura medieval se verá magníficamente completada. Este periodo constituye una de las lagunas históricas de la institución, que se cubre con un número reducido de piezas propias, pero que carecen del contexto general necesario en sala para ser interpretadas de forma comparativa.
Hasta el 20 de septiembre, la pinacoteca ofrece un magnífico repertorio de pintura italiana del Trecento y de su amplia proyección en la pintura hispana de las Coronas de Aragón y Castilla. Esta situación temporal da “cobijo” y contexto a esas piezas propias de las que sí dispone el Museo de manera permanente.
En definitiva, una exposición que no dialoga con los grandes pilares de la colección del Museo, lo más frecuente, sino que la amplía excepcionalmente uno de los “puntos flacos” de su patrimonio.
La exposición se divide en varios tramos temáticos que construyen un discurso metodológico clásico de la Historia del Arte, sólidamente vertebrado y magníficamente representado por las obras seleccionadas. Este mismo planteamiento se desarrolla, mediante un buen trabajo de investigación, en la publicación oficial de la muestra, concebida no como un catálogo al uso, sino como un monográfico científico sobre sus contenidos.
El recorrido trazado por el discurso expositivo es una ocasión extraordinaria para acercarnos a una de las épocas más interesantes del arte europeo, italiano y español. De poner en valor los nombres, y las obras, de artistas poco populares, pero con una enorme transcendencia en nuestro legado cultural y artístico.
Particularmente, para entender que en aquella Europa del siglo XIV, cuyas fronteras eran otras, en todos los aspectos, y cuyos medios estaban más limitados, el flujo de ideas, de estéticas, de ideologías y de espiritualidad era ágil y profundamente transformador, frente a la visión oscurantista tradicional.
La exposición es una ventana a una época, asumida como medieval, que fue la antesala del Mundo Moderno y el Renacimiento, Una condición de bisagra que analizaremos en profundidad a lo largo del recorrido.
Precisamente, convocar esta visita con la intención de aportar algo más, parte del ahondar en la comprensión contextual de estos fenómenos artísticos. Las sociedades que los provocaron, los aceptaron y se identificaron con ellos, fueron las protagonistas de fondo necesarias para que los artistas ejercieran su trabajo creativo. Este punto de vista es una clave imprescindible para comprender lo que vemos y el efecto que aún produce en nosotros.
Dado que estas obras son ajenas a nuestro tiempo e incluso al propio Museo, tan rico en arte entre los siglos XV y XIX, es ahí donde analizar las razones de su forma, color, hermetismo o expresión nos dará la clave, no solo para disfrutarlas, sino también para comprenderlas. Tenemos que aprender a mirar y percibir tal como lo hicieron aquellos que las recibieron, encargaron y crearon
Es un ejercicio que tiene recompensa, porque, además de ser bellas formalmente, estas imágenes son narrativas, poseen un contenido semántico. Por un lado, funcionaban como un sistema de comunicación para iletrados ansiosos por asomarse a lo sagrado o comprender a través de la imagen lo que contaban los relatos y sermones; por otro, eran un sistema de representación para los elegidos que querían proyectar su riqueza, sus ideas, sus valores o su poder.
Se ha puesto en valor en esta exposición la presencia abrumadora del oro de sus fondos, resaltado por el color azul de las paredes del espacio expositivo. Desde el punto de vista técnico es un acierto resaltar un elemento que, habitualmente, parece un sujeto pasivo que solo la enriquece la obra. El uso del término “pintura polimatérica” aparece en el catálogo y en las presentaciones de la muestra para abundar en su importancia como técnica propia de la época.
Pero, este reclamo necesario puede complementarse más allá de lo técnico con el valor filosófico y teológico que tuvo el uso del oro, u otros metales, para el individuo de esta época. Su empleo traza un hilo que une a Platón, a través de Dionisio Areopagita, con el abad Súger de Saint-Denis y sus vidrieras góticas, los mosaicos bizantinos o los iconos orientales con la pintura italiana medieval hasta llegar al Trecento.
A pocas semanas de clausurarse la exposición, quizás tras el reposo de haber disfrutado ya de ella, les proponemos una visita que, siguiendo el discurso trazado por el comisario Joan Molina, les ofrezca una mirada transversal desde otros actores imprescindibles para comprender el arte en su contexto como: la política, la sociedad, la espiritualidad, la filosofía y, en este caso además, la teología.
Puede descargar el dosier sobre esta actividad haciendo clic AQUÍ
VISITAS EDUCATIVAS AL MUSEO DEL PRADO
En Vademente entendemos que la docencia se ejerce también más allá del aula, por lo que nuestras visitas educativas son parte esencial de nuestras propuestas.
¿Cuántos museos hay en Madrid? ¿cuántos conoce? Lo más importante, en realidad, es saber ¿cuánto hemos aprendido visitándolos?.
Para Vademente, un museo es, ante todo, un espacio de enseñanza, de estudio y de conocimiento. Los museos son los herederos del “Museion” de Alejandría, la casa de las Musas a donde se iba a aprender artes y ciencias.
Por ello, diseñamos nuestras propuestas considerando que cada museo es un aula. Que cada clase en sus salas es una posibilidad de aprender en contacto directo con aquello que nos interesa.
El Museo del Prado es una de las pinacotecas más importantes del mundo. Quienes realizamos nuestra labor docente en Madrid tenemos el privilegio de poder explicarlo poco a poco, por partes.
Esto nos permite proponer recorridos transversales, por temas, por escuelas, por maestros, por épocas; y, además, hacerlo en grupos pequeños para facilitar el trabajo de análisis, observación e intercambio entre participantes y profesor.
Esta es nuestra propuesta: extraer del Museo todos los contenidos posibles. Hacerlo con calma, por partes, en grupos pequeños, priorizando la calidad y el aprendizaje.
Limitando el número de participantes a 7, más el profesor responsable, favorecemos que la actividad sea más cómoda y más personalizada. Pretendemos facilitar, además, la participación, el análisis colectivo, la observación detenida y el intercambio, actividades propias del trabajo docente que en una visita multitudinaria no tienen cabida.
También evitamos el límite de tiempo concedido a los grupos, siempre compuestos por nueve o más personas. De este modo, podemos ampliar nuestra visita hasta dos horas para realizarla con calma y sin presión.
Al no conformar un grupo también podemos dar libertad a cada participante respecto a la forma de ingreso. Muchas personas tienen descuentos, por distintas circunstancias, o incluso gratuidad, que entrando como grupo no son computables.
Por ello, en estas visitas para grupos reducidos, no incluimos la entrada y cada participante puede acceder como más conveniente sea en su caso.
Hemos convocado una serie de visitas repetidas sobre un mismo contenido, pero en caso de que la demanda de una actividad fuera alta, organizaremos más visitas en otra fecha. Para ello generaremos una lista de espera en la que el turno será el del momento de recepción de la inscripción.
Nuestro punto de reunión será, consecuentemente, dentro del Museo. En concreto en la Sala de Las Musas, un espacio renovado hace unos años para funcionar como gran punto de reunión y vestíbulo del Museo.
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