Descripción
PAISAJES EN EL PRADO
DEL ROMANTICISMO AL REALISMO
RESEÑA
El Paisaje no fue un género muy frecuentado por los pintores españoles clásicos. Si bien, desde el siglo XVII, hay una clara presencia de este género en la pintura occidental, especialmente en Holanda, pero en el caso hispano los mejores paisajes siguieron siendo el contexto de fondo de las escenas narrativas.
El siglo XIX, con su vocación transformadora y revolucionaria, continúo con la tradición de otorgar los mayores méritos a la pintura llamada de historia (da igual asuntos mitológicos, religiosos, alegóricos, etc.), pero fue en el Paisaje donde los creadores más comprometidos con las modernas corrientes del Romanticismo, primero, y del Realismo, después, encontraron ese espacio “marginal” donde experimentar su ansiada libertad creativa o sus nuevas propuestas pictóricas.
Los románticos, como Friedrich en Prusia, trasladaron al paisaje la mejor manifestación de aquella imagen de “lo sublime” con la que se pretendía mostrar el “volksgeist” (el espíritu del pueblo) que definía a las nacientes naciones europeas.
España fue un país romántico, no a la manera del nacionalismo germano que inspiraba a Friedrich, sino bajo el prisma de los nostálgicos de aquel paraíso perdido que fueron los tiempos previos a la Revolución Industrial y la civilización moderna. Se creó entonces una retórica de tópicos en torno a lo español que se trasladó a la pintura.
El Prado nos ofrece buenos ejemplos a través de las obras de David Roberts, Pérez Villaamil y Alenza. Obras que buscan “lo sublime” y en las que descubriremos una forma de pintar, aquella “veta brava” que dijera Lafuente Ferrari, que parecía venir del Goya más bizarro, otra seña más de identidad hispana.
El Realismo se deshizo de aquel emocionante ciclón emocional y “patriótico” del Romanticismo. Con los pies en el suelo de aquel mundo moderno y cada vez más contemporáneo, dejó de sentir nostalgias del pasado, de experimentar “lo sublime” de lo irracional y los pintores plantaron sus caballetes en el campo para pintar al aire libre.
También el Paisaje fue un género consustancial al Realismo. Tanto que, entre sus variables surgieron los Impresionistas, que eran pintores de paisajes.
Todo comenzó con la famosa Escuela de Barbizón, con maestros como Corot y Daubigny. Se sumaron otros como Courbet, Pisarro, Monet, Renor, Sisley. La mayoría “plenairistas”, pintaban al aire libre, y exploradores de nuevas formas de pintar que revolucionarían la historia de la pintura desde aquel género “suburbial” del Paisaje.
En España, los pintores románticos, fundamentalmente de la época de Isabel II, fueron bastante endogámicos, asumieron las influencias externas, pero bajo variables innegablemente “españolas”.
Los pintores realistas, entre los tiempos del Sexenio Democrático y la Restauración, fueron más internacionales. Carlos de Haes, Martín Rico, Muñoz Degraín, Martí Alsina, Madrazo y Garreta o el gran Fortuny, fueron tan españoles como plenamente europeos.
En sus obras descubriremos hasta qué punto, no sólo las enseñanzas de Barbizon se filtraron en la pintura española, también las conexiones con las propuestas de los Impresionistas.
Terminaremos con las obras de algunos maestros tardíos, tan sólo para dejar apuntado un boceto, que ya experimentaban con las consecuencias del Impresionismo o con los inicios de las venideras Vanguardias. Son los casos de Sorolla, Beruete o Regoyos.
Nos aprovecharemos, además, de una pequeña exposición, abierta en este momento, en torno a uno de los pintores más destacados de este periodo de finales del siglo XIX y principios del XX: Muñoz Degraín, concretamente como paisajista.
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VISITAS EDUCATIVAS AL MUSEO DEL PRADO
En Vademente entendemos que la docencia se ejerce también más allá del aula, por lo que nuestras visitas educativas son parte esencial de nuestras propuestas.
¿Cuántos museos hay en Madrid? ¿cuántos conoce? Lo más importante, en realidad, es saber ¿cuánto hemos aprendido visitándolos?.
Para Vademente, un museo es, ante todo, un espacio de enseñanza, de estudio y de conocimiento. Los museos son los herederos del “Museion” de Alejandría, la casa de las Musas a donde se iba a aprender artes y ciencias.
Por ello, diseñamos nuestras propuestas considerando que cada museo es un aula. Que cada clase en sus salas es una posibilidad de aprender en contacto directo con aquello que nos interesa.
El Museo del Prado es una de las pinacotecas más importantes del mundo. Quienes realizamos nuestra labor docente en Madrid tenemos el privilegio de poder explicarlo poco a poco, por partes.
Esto nos permite proponer recorridos transversales, por temas, por escuelas, por maestros, por épocas; y, además, hacerlo en grupos pequeños para facilitar el trabajo de análisis, observación e intercambio entre participantes y profesor.
Esta es nuestra propuesta: extraer del Museo todos los contenidos posibles. Hacerlo con calma, por partes, en grupos pequeños, priorizando la calidad y el aprendizaje.
Limitando el número de participantes a 7, más el profesor responsable, favorecemos que la actividad sea más cómoda y más personalizada. Pretendemos facilitar, además, la participación, el análisis colectivo, la observación detenida y el intercambio, actividades propias del trabajo docente que en una visita multitudinaria no tienen cabida.
También evitamos el límite de tiempo concedido a los grupos, siempre compuestos por nueve o más personas. De este modo, podemos ampliar nuestra visita hasta dos horas para realizarla con calma y sin presión.
Al no conformar un grupo también podemos dar libertad a cada participante respecto a la forma de ingreso. Muchas personas tienen descuentos, por distintas circunstancias, o incluso gratuidad, que entrando como grupo no son computables.
Por ello, en estas visitas para grupos reducidos, no incluimos la entrada y cada participante puede acceder como más conveniente sea en su caso.
Hemos convocado una serie de visitas repetidas sobre un mismo contenido, pero en caso de que la demanda de una actividad fuera alta, organizaremos más visitas en otra fecha. Para ello generaremos una lista de espera en la que el turno será el del momento de recepción de la inscripción.
Nuestro punto de reunión será, consecuentemente, dentro del Museo. En concreto en la Sala de Las Musas, un espacio renovado hace unos años para funcionar como gran punto de reunión y vestíbulo del Museo.
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